
A mi amado Javier
Niño
dulce, joven alegre,
coqueto,
picaflor de sueños.
Tu
sonrisa despertó
el
paisaje sombrío.
Tu
cara de ángel,
lozana
como el rocío.
Tus
cabellos abundantes
como
hojas de laurel.
Tu
piel de durazno,
tus
ojos de miel,
tu
vientre de agua,
tu
voz de arrullo.
Tu
pecho cálido,
abultado
como suave esponja,
tus
brazos son alas
y
tus pies juguetones
como
delfines
sobre
las olas del mar.
Tu
alegría
tuvo
la fuerza de un ciclón,
enfurecido
y bravío
nunca
descansó.
Tu
vida se ocultó
como
la luna entre las nubes,
tus
brazos enredaderas,
se
cruzaron para siempre
como
el rosal
en
la tumba olvidada.
Con
un nudo en la garganta
y
un vacío en el pecho,
mi
sonrisa se apagó,
mi
vida se desvaneció,
mi
ilusión,
entre
gaviotas y flamencos,
en
el horizonte desapareció.
Mágico
nevado
así fue tu corazón,
fuente
de agua cristalina,
radiante
como el sol.
Soltarte,
dejarte ir,
como
se va el amor,
como
se va la vida
en una despedida.
Ese
día estaba feliz y radiante.
Como
tarde de circo,
todos
acudieron a ver aquel espectáculo,
donde
todos sabían la hora,
pero
nadie quiso avisar al sorprendido.
Al
instante de escuchar la terrible noticia,
mis
pies se dispararon
como
alma que lleva el diablo.
Ya
casi sin aliento,
solo
encontré un charco vivo y espeso
que
desgarró mi garganta.
Caí de bruces presa del horror,
dolor que atormenta,
indiferencia cruel.
Humillación que maltrata,
cuerpo indigno,
Terminé
por encerrarme
en
la soledad de mi cuerpo
delgado
y juglaresco,
sin
derecho a lanzar
un
grito de indignidad
ante esa miserable muerte.
Mi
hermano Javier
fue un joven maravilloso.
Joven alegre y a veces pensativo,
tierno
y hermoso lo recuerdo,
aún
guardo su última sonrisa
en
el último adiós.
Te
amaré por siempre.
Juan sin miedo
Juan
sin miedo,
caminaba
con el tumbao
que
tienen los guapos.
Camiseta
ancha,
jeans
bota tubo,
tenis
adidas,
gorra
y audífonos.
En
patineta
o
en bicicleta,
siempre
se veía.
Caminando
la noche
entre
laberintos de calles,
se
topó con la muerte.
¡Ay!
hermano querido,
esa
noche de tu agonía,
la
mariposa negra
comenzó
el día.
Joven apasionado por el vértigo,
vivió cada segundo
como
si fuera el último.
Los
días quedan
en
un profundo silencio...
Todo
huele a flores,
un
vacío en el pecho
se
llena de lágrimas
y
de recuerdos.
Te recordaré por siempre.
Mónica López