jueves, 30 de marzo de 2017

A un joven indígena


En la Sierra, cerca del caracolí,
pude contemplar las dádivas de la naturaleza.
Un indígena malayo de tez morena,
tan firme como el árbol,
sus cabellos, negros bejucos
que colgaban de un sombrero de palma,
en sus ojos, la inocencia de mi infancia.
Su rostro resplandeciente como luna de verano,
vestido de traje blanco como ser divino.
Su presencia me causó admiración y exaltación,
consternada por su belleza me desvanecí en el adiós.

Mónica López


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