viernes, 31 de marzo de 2017

A mi princesa






Tus cascos picos de espátula
cabalgando sin descansar,
recorriendo juntas
los caminos de la vida
y de la mar.

Sintiendo en cada herida
mi cuerpo de mujer,
tu cuerpo de yegua,
los placeres del amor
y los terrores de la codicia.

Aquí… tu y yo,
mi hermosa princesa.
Cuanto anhela mi corazón
morir a tu lado.
El destino nos separa,
en mis sueños
volaremos juntas
hacia la eternidad.

Mónica López


jueves, 30 de marzo de 2017

La magia de tejer





Cultivar y reafirmar nuestra identidad
es mi afán por tejer mochilas,
porque es cuando tejo
que mi sangre indígena
aflora en mis puntadas.
Para que el amor, las esperanzas,
los sueños y la magia no mueran.
Para que las ilusiones
siempre me acompañen
y la idea de vivir,
sea tan natural
como el fluir de las aguas
del páramo que van al mar.

Mónica López




A un joven indígena


En la Sierra, cerca del caracolí,
pude contemplar las dádivas de la naturaleza.
Un indígena malayo de tez morena,
tan firme como el árbol,
sus cabellos, negros bejucos
que colgaban de un sombrero de palma,
en sus ojos, la inocencia de mi infancia.
Su rostro resplandeciente como luna de verano,
vestido de traje blanco como ser divino.
Su presencia me causó admiración y exaltación,
consternada por su belleza me desvanecí en el adiós.

Mónica López


El desarraigo



Que resuenen las herraduras
de aquellos temibles
salvajes caballos.
Se enfrentaron con valentía
aquellos temibles
e indomables Caciques.
Miles de indígenas
armados con flechas y lanzas,
diezmaron a cientos
de centauros españoles.
Prefirieron morir
lentamente abrazados en el fuego,
o ahorcados silenciosamente en la maloca,
a rendirse frente a los blancos invasores.

Mónica López





Mochila rasta







Esta mochila
es el pensamiento
de un sueño,
de un anhelo,
de un regalo
de cumpleaños
o de fraternidad.
Es el lienzo de las utopías
y el vacío de las cosas perdidas.
Es una gasa terciada al pecho
en el vaivén de un buen corazón,
caminando de día o de noche
siempre llevará la ilusión.

Mónica López





miércoles, 29 de marzo de 2017

A mis hermanos Juan y Javier




A mi amado Javier


Niño dulce, joven alegre,
coqueto, picaflor de sueños.
Tu sonrisa despertó
el paisaje sombrío.
Tu cara de ángel,
lozana como el rocío.
Tus cabellos abundantes
como hojas de laurel.
Tu piel de durazno,
tus ojos de miel,
tu vientre de agua,
tu voz de arrullo.
Tu pecho cálido,
abultado como suave esponja,
tus brazos son alas
y tus pies juguetones
como delfines
sobre las olas del mar.

Tu alegría
tuvo la fuerza de un ciclón,
enfurecido y bravío
nunca descansó.
Tu vida se ocultó
como la luna entre las nubes,
tus brazos enredaderas,
se cruzaron para siempre
como el rosal
en la tumba olvidada.

Con un nudo en la garganta
y un vacío en el pecho,
mi sonrisa se apagó,
mi vida se desvaneció,
mi ilusión,
entre gaviotas y flamencos,
en el horizonte desapareció.

Mágico nevado
así fue tu corazón,
fuente de agua cristalina,
radiante como el sol.

Soltarte, dejarte ir,
como se va el amor,
como se va la vida 
en una despedida.






Ese día estaba feliz y radiante.
Como tarde de circo,
 todos acudieron a ver aquel espectáculo,
donde todos sabían la hora,
 pero nadie quiso avisar al sorprendido.

Al instante de escuchar la terrible noticia,
mis pies se dispararon
como alma que lleva el diablo.
Ya casi sin aliento,
solo encontré un charco vivo y espeso
que desgarró mi garganta.

Caí de bruces presa del horror,
dolor que atormenta,
indiferencia cruel.
Humillación que maltrata,
cuerpo indigno,

sin memoria y sin voz.

Terminé por encerrarme
en la soledad de mi cuerpo
delgado y juglaresco,
sin derecho a lanzar
un grito de indignidad
ante esa miserable muerte.


Mi hermano Javier
fue un joven maravilloso.
Joven alegre y a veces pensativo,
tierno y hermoso lo recuerdo,
aún guardo su última sonrisa
en el último adiós.

Te amaré por siempre.  





Juan sin miedo

Juan sin miedo,
caminaba con el tumbao
que tienen los guapos.
Camiseta ancha,
jeans bota tubo,
tenis adidas,
gorra y audífonos.
En patineta
o en bicicleta,
siempre se veía.

Caminando la noche
entre laberintos de calles, 
se topó con la muerte.
¡Ay! hermano querido,
esa noche de tu agonía,
la mariposa negra
comenzó el día.

Joven apasionado por el vértigo,
vivió cada segundo
como si fuera el último. 

Los días quedan
en un profundo silencio...
Todo huele a flores,
un vacío en el pecho
se llena de lágrimas
y de recuerdos.

Te recordaré por siempre.

Mónica López


Soy de tierra






Soy de arena y de mar,
soy de tierra y de piedra,
soy hoja de palma
que mece el viento.


Los árboles aplauden,

las palmas saludan,
las piedras sonríen,
el mar besa mis pies.

Mis pies, raíces de un roble
que no quiere morir.
Mis manos, inquietas mariposas
en busca de amor.
Mis ojos, resplandor de luna
sobre la mar.

Si las palabras fueran mis manos
y mis manos el viento,
si mis ojos fueran la luna
y mis labios el agua.

Mi cuerpo vestido de seda,
mis cabellos sin fin,
mi alma en la niebla
se niega a existir.

Mónica López

El gran festín






Han venido desde todos los árboles de la región
y de la otra orilla del mar,
a disfrutar de la dulce fruta madura.

Desde comienzos del alba, 
una tonalidad musical
despertaba las hojas y flores del solar.
La mañana cálida y tranquila,
anunciaba que había llegado una bandada
con la buena nueva,
festejar de un gran banquete.

Poco a poco, 
de hoja en hoja,
de tallo en tallo, 
de salto en salto,
con vistoso traje,
cada uno anunciaba su llegada 
con hermoso canto. 

Azulejos, sirirí, reinitas,
carpinteros y chupahuevos,  
pasaban de uno en uno saboreando
el fruto dulce y carnoso.

Aquel árbol había preparado 
un festín para dar a degustar 
de las delicias de sus flores.
Tronco esbelto, 
y hojas abiertas como sombrillas,
brindaban la fresca perfecta
para posarse en aquella fruta
de color cálido, repleta de semillas
como embriones de vida
que se preparan para salir.

Cada uno saboreó el dulce aroma
de la papaya madura.
Todo el día esperé ansiosa
escuchar el sonido de la papaya caída.
Con el agua en los labios,
el trinar y la vista de aquellos hermosos pájaros,
me dormí sin degustar al paladar
de aquella sabrosa papaya madura.

Mónica López


Ausencia





Con mi voz quisiera cruzar
los límites de tu indiferencia,
y poder decir, si aún,
bajo las lánguidas
llamas de la ceniza,
brota un ápice de amistad
que flameó ardiente y efímera,
como el viento deseoso
de alcanzar con sus alas,
el umbral del cielo. 

Mónica López


martes, 28 de marzo de 2017

Soledad







Deshaciendo mis pasos
encontré la palidez
de la muerte.

Un río eterno
de almas al cielo
viajaba en silencio sepulcral.
Eslabones perdidos
de anhelos fallecidos
que siempre vivirán.

Mis ojos hundidos en el hueso,
mi pena sumida en la tristeza,
mis venas abrazos en rosal,
mi corazón tormenta en alta mar.

Mónica López



La creación






En un principio todo era oscuridad, 
vacío y silencio.
Al Gran Creador se le ocurrió 
la idea de lo femenino,
complemento de lo masculino.
Un huso atravesó el centro de la madre tierra,
una hebra de copos de algodón la envolvieron
y nació un capullo de rosa o de jazmín,
unas manos de azahar y unos pies de lirio,
un cuerpo de bejuco y un alma de cristal.


Mónica López


Frases sobre el tejido








Mi lienzo es la nada,
mi pincel mi aguja,
los hilos mis pinturas.









La ofrenda de una mochila, 

es un acto de amor 

que guarda los más profundos sentimientos 

tejidos en forma de espiral.










Vasija de hilo,

mochila de lana,

que llevas guardado

un pedazo de mi alma. 










Hilar, tejer pensamientos, sentimientos,

seres abstractos, seres reales,

difuminados en el tiempo. 









Tierna es la oveja,
suave su lana,
paz es su compañía. 



A mi princesa

Tus cascos picos de espátula cabalgando sin descansar, recorriendo juntas los caminos de la vida y de la mar. Sintiendo...