Y me dormiré junto al laurel,
bajo el lecho caluroso de sus
hojas,
soñando con el sonido del silencio,
esperando que se cumpla
el sueño de lo imposible,
el sueño de lo imposible,
de lo impensable e inimaginable.
donde las flores se vistan de rosa,
roja carmín, blanco jazmín.
Y el cielo cubra su manto negro,
con atarrayas de estrellas doradas,
en el esplendor de caracoles
que alumbran infinidad
de sistemas solares.
Atravesando el universo
Cual estrella fugaz.
Rompiendo las ataduras
de bejucos abrazados
al árbol de la vida,
para liberar el canto de las aves
y el alma de los dioses.
Mónica López

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