Desde la bendita Sierra Nevada de Santa Marta,
desde las cálidas arenas blancas
del mar Atlántico.
Entre caracuchas y cangrejos,
entre el rumor de cumbia
y el sorbo de un trago de chicha.
Entre la sombra de un gran árbol
y la frescura del río,
al vaivén de una hamaca
contemplo el amor mío.
Desde el misterio de la selva
y la inmensidad del mar,
entre pájaros y peces,
entre indígenas y palmeras,
entre cayucos y atarrayas,
entre el azul infinito del cielo
y la claridad del mar.
Al son de un tambor
el sol agita la piel,
la sonrisa y el canto amoroso
de un pescador,
se oye a lo lejos como un clamor.
Mónica López

No hay comentarios:
Publicar un comentario