El mar me esperaba,
silencioso y sereno me invitó,
de su mano me sumergí
en aguas azules y cálidas.
La tarde se tornó roja,
el sol, como moneda de oro
cayendo a la mar.
Al final dibujé,
sobre el rocío de la luna,
el rostro de mi amor perdido
entre la marea y el amanecer.
Mónica López

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