Deshaciendo mis pasos
encontré la palidez
de la muerte.
Un río eterno
de almas al cielo
viajaba en silencio sepulcral.
Eslabones perdidos
de anhelos fallecidos
que siempre vivirán.
Mis ojos hundidos en el hueso,
mi pena sumida en la tristeza,
mis venas abrazos en rosal,
mi corazón tormenta en alta mar.
Mónica López
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